He descubierto un truco para domesticar monstruos. Confieso que la oscuridad me daba miedo, solía calmarme con una pequeña lamparita, una luciérnaga o un rayo de luna. He oído decir que lo mismo hay en la oscuridad que a la luz del día, pero no me lo creo. He recuperado mi tranquilidad desde que me he enterado que hay un lugar donde viven los monstruos, y al parecer no acostumbran salir con frecuencia de allí, que hubo un niño que llegó hasta ese lugar y los puso a bailar a todos con un truco mágico. Si quieres descubrirlo y aprenderlo de memoria, por si acaso, te recomiendo leer Donde viven los monstruos de Maurice Sendak.




Este libro es de los que no cansan.
Sin pretensión de comparar, porque no es posible, pero hace poco leí un viaje relativamente parecido, del niño al monstruo y de vuelta al niño: Has anyone seen Harry lately? de Oram y Ross. (No sé ahora mismo si está traducido.)
Un abrazo
Coincido contigo, sin dudarlo, es un libro de los que no cansan.
Tomaré en cuenta tu recomendación. A veces repito tanto en las sesiones, a veces por gusto y fascinación por ciertos libros, a veces porque tengo mis lecturas comodines, esas que he preparado y ensayado y se convierten en el repertorio propio. Seguiré trabajando en la preparación de otras lecturas en voz alta, para variar.
En cuanto al tema del viaje en ambos libros, no puedo evitar pensar en el mito de Orfeo, en su descenso al inframundo, puede que sea una comparación forzada.
Me he enterado, Ojobrusco es todo un multilingüe, aunque todavía tiene un solo ojo, ¡felicidades!